Sello de calidad: NaturNes

De vez en cuando veréis que me pongo serio y hago lo que mamá llama “Sello de calidad”. Como somos unos especímenes tan interesantes algunas marcas nos mandan productos para que probemos y os contemos que nos parecen. Cuando nacieron las mellis nos llegaron algunas cosas de las que ya os hablé y en esta ocasión recibimos en casa una caja intrigante que yo estaba deseando abrir.

En la caja en cuestión había cientos de miles de bolsitas Naturnes y algún Iogolino. Todo de Nestlé. Matiza mami que tampoco eran cientos de bolsitas pero ya os digo yo que eran un montón. En cuanto lo abrió, yo quise probar uno. Solo las había probado como premio en algún viaje. Justo era el momento de la merienda, así que mamá nos sentó en las tronas a las mellis y a mí y nos dio una bolsita a cada uno.

Yo con mis superados dos años y medio disfruté aquel instante mucho. Digo instante porque me lo tomé enseguida casi sin respirar. ¡Me encantó el sabor!  ¡Un 10! Luego los probé todos y el de Manzana, Mango y Zanahoria podría decirse que es el más distinto y que por eso me gustó más, los otros sabores de frutas los conozco mejor. En cuanto me lo acabé, le pedí más a mamá, porque aquello era poquísimo para mí. Mamá me dio otro y aunque le pedí más ya no me lo dio. Dijo que menos mal que eran regalados porque ¡a mi me tenía que dar dos!

Lo de las mellizas fue otra película. Ellas tienen 15 meses. Como en la bolsita pone que es a partir de 6 meses, mami se confió y le dio una a cada una. Yo no paré de reírme… ¡Aquello fue un espectáculo! Se pusieron perdidas. Empezaban a apretar y apretar y no se lo comían, solo querían jugar. Mamá cuando se dio cuenta la pobre, ya era muy tarde. Intentó quitarles las bolsitas pero ellas no las soltaban, y luego intentaba recuperar con la cuchara lo que se habían desparramado pero ellas no querían ya la cuchara y querían chupar la bolsa por todos lados, por el pitorrillo también (aunque no sabían coordinar el tema absorver y apretar la bolsita). Un desastre. Mamá dijo que hasta que fueran más mayores no les volvía a dar ninguna. Así que al día siguiente las bolsitas de las mellis las vació en un bol y les dio la merienda con cuchara “como de toda la vida”. Les encantó también el sabor y la textura, que las mellis son muy suyas para eso.

Así que con todo esto que pasó no creo que las vuelva a ver hasta que las mellis sean tan mayores como yo. Pero es verdad que como para merendar merendar una sola no vale. Porque yo para recargar pilas necesitaría dos de esas y mami siempre busca “ecominozar” o algo así: ahorrar vamos. El resto de días me las daba de premio cuando hacía pis… Si el pis pillaba a media mañana o media tarde. Y el Iogolino de postre.

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El gran cambio de mi vida

Como sois tantos los que me decís que donde me meto, vuelvo a contaros mis cosillas. He tenido lío, no os digo que no, pero necesitaba un parón reflexivo de todo esto de contaros mi vida. 

Sigo a tope en la guarde, hemos tenido un super festival marinero, mil y un experimentos y les he hecho regalos a papá y mamá por su día. Fué el cumple de papi y me puse pujo de tarta. Y me he aficionado a dos fenómenos fan de mi época: “La patrulla canina” y “Peppa Pig”, o papapi como la llamo yo. Os dejo expectantes pero en breves os haré mi crítica a estos fenómenos como espectador fidelísimo. 

Pero sin duda el acontecimiento estrella es mi gran paso. Ha sido el cambio más importante en mi vida desde que salí de la cueva. Mamá dice que es el primer y único cambio que hacemos los chicos en nuestra evolución. Y papá cuando lo dice la mira con carusa. Yo me parto con ella. Ha sido un gran apoyo en todo esto y ahora me ha dado por ella y la quiero mazo.

Pues sí, le he dicho adiós al pañal y hola al calzoncillo. Llevaba un año yendo al orinal en la guarde pero no le veía uso útil ninguno. Pero me lo pasaba bien porque era un momento de confraternizamiento con mis congéneres y amigos. Así que MariPili (mi superhiperadorada seño 😍😍😍) le dijo a mamá que lo teníamos que hacer “radical”. Mamá estaba asustada, yo nunca la había visto así. Y yo no me enteraba de a qué se refería mi amada MariPili. 

Pues sí, me enteré de lo que era eso de radical. Una mañana apareció papá con unos calzoncillos con Marshall (Patrulla) en todo el medio. Y me los plantó sin pañal ni nada. Yo hice mi protesta habitual de cuando no quiero algo, pero no sirvió de nada porque salí con “eso” bajo el pantalón. Al llegar a la guarde le enseñé emocionado mi nueva prenda a todos. El exhibicionismo en mí no conoce límites… Y así fue pasando el día. Os podéis imaginar. Fueron dos días de descontrol por mi parte hasta que me di cuenta que el sacrificio de llevar marshalls, coches o robots en una prenda de colores en el culo era que tenía que hacer el pis y lo otro en el orinal. ¡¡Lo entendí todo!! ¡¡Para eso era!! 

Pero ya os digo, en nada y menos lo estoy consiguiendo y me flipa todo este mundo. Tengo locos a MariPili, Sarah (mi otra seño que ADORO y digo su nombre sin parar por ello) papá y mamá pero bueno, es lo que hay. Además en casa es más divertido, porque siempre vienen las mellis a hacerme compañía. A ellas ya les gusta este mundo, se entiende, o son un poco “pepa pigs” (en cuanto a lo cochinas) según mamá. Y también busco entretenimientos cuando la cosa va para largo. Un mundo nuevo en toda regla. ¡Hasta pronto! 

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¿Los patos usan zapatillas?

Lo que me he reído hoy. No os podéis imaginar qué divertido. Mami nos ha recogido como siempre de la guarde y hemos ido al parque a ver a los patos. Había llovido esta mañana así que yo no tenía esperanzas de ir. Pero sí, mami traía la bolsa de pan y bordes de pizza para los patos, y alguno para mí, que según ella, soy un zampabollos. Y claro, yo estaba desatado. En todos los sentidos, porque he perfeccionado la técnica de soltarme del sillín y bajarme del cochecito en marcha.

Al llegar donde los patos, hemos ido directamente al puente del estanque. A mami le gusta que les demos allí porque así no vienen las ocas, que son un poco abusonas, dice. Y mami ha empezado el reparto de pan. Hoy solo han acudido los cisnes (también un poco abusones) y algún pato suelto. Pero estaban acurrucados como cuando nosotros vemos una peli los domingos después de comer en el sofá.

Ha llamado a mami una amiga, y en lo que le ha cogido el teléfono, en un microsegundo, me he quitado la zapatilla de deporte. La verdad, no sé que cable se me ha cruzado, pero en ese momento me parecía buenísima idea tirarle la zapatilla a los patos. Y así he hecho.

La cara de mamá, seguida de un “te tengo que colgar, la madre que nosequé a este niño” ha cambiado en otro microsegundo. Estaba alucinada. Yo iba dando pasitos para  atrás. Y ella diciendo una y otra vez lo de la madre que me parió. No entendía bien, si es ella, por qué dice eso. Que egocéntrica. Mamá seguía de un lado a otro moviéndose rápido. Mirando de un lado a otro. Yo creo que buscaba a la tía y a la prima, pero se ve que hoy no han bajado.

Si algo he aprendido en mi corta vida es que cuando mami está así y dice que ella misma me parió, lo mejor es quedarse quieto. Y así me quedé, desde una posición en la que veía perfectamente a mami, a la zapatilla, a los cisnes picando mi zapatilla, y guardando a las mellis. Porque mami en ese momento estaba como para cuidarnos.

Se acercó a unas señoras pidiéndoles un paraguas. Más majas… Mami distribuyó los papeles: la señora embarazada distraía a los cisnes y patos con el pan que quedaba, y la señora abuela buscaba algo para coger la zapa. Porque mami se tiró al suelo del puente y no le llegaba el brazo. Finalmente, con una rama que trajo la señora, mami pescó la zapa.

Se despidió de las señoras y me sentó en el sillín. Yo, por supuesto, no protesté. Ya no debía llamar la atención si no quería una regañina seria. Porque mamá estaba tan en shock que no decía nada. Y normalmente, el camino del parque a casa, no calla. Pero yo, por dentro, estaba partido de risa. Lo tengo que repetir con la prima…

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El síndrome del informático o cuando papi no está

Hola a todos. Hoy me toca a mí escribiros, soy Rocks, como me llama mami, la melliza mayor vamos.

En uno de los ratos que los tres nos comunicamos (el bebé gigante, Carmela y yo) hemos pactado una serie de cosas. Entre ellas que íbamos a llevar a cabo por las tardes lo que mamá llama el síndrome del informático. Por lo visto, en su trabajo, cuando algo técnico sale mal, en cuanto el informático va a su mesa, sin que él haga nada, aquello se arregla. Su sola presencia ya arregla todo.

Pues nosotros igual; hemos pactado que cuando estemos solos con mami en casa vamos a jugar a los indios y a hacernos los locos y a llorar y a hacer cosas que hagan que mami se lo pase también genial. Pero que cuando llegue papi todo esté tranquilo y en paz y que mami se lo cuente y él no la crea. Es divertidísimo.

Hubo una tarde que papi se quedó hasta tarde en el trabajo y la liamos parda hasta que mami nos dijo que papá estaba a punto de llegar. El bebé gigante hizo cochinadas con la cena y luego no se quiso acostar… daba saltos en la cama como un loco. Y Carmela y yo las dos nos pusimos a llorar y a gritar. Nos encanta hacerlo en esos momentos hasta quedarnos afónicas, porque luego papi se parte de risa cuando estamos sin voz. Así que mami nos ponía en el corral ( y llorábamos más), en la cuna para dormir ( y más aún) en el carrito para movernos ( y muuucho más) hasta que al final se dio cuenta la pobre. Si nos cogía en brazos nos reíamos mucho en vez de llorar. Así que así pasamos el rato; partidas de risa encima de mami, que iba y venía al cuarto del bebé gigante a reñirle para que no saltara en la cama y se durmiera.

Ayer también fue divertidísimo. Papi aprovecha algunos días y cuando nos acostamos a nuestra hora y nos dormimos y/o callamos, se va a hacer deporte un rato. Pues ayer pasó eso. Cuando calculé que ya no me oiría papi, di un grito al bebé gigante. Carmela, como es la pequeñaja y estaba tan cansada, pues se quedó dormidita tan mona. Total, que el bebé gigante se despertó y empezó a llorar para que mami le cogiera. Y mami, que es que está muy tierna últimamente, se lo cogió y se lo llevó a su cama para ver si acurrucadito con ella se dormía.

Con el bebé gigante hay veces que no se puede hacer estos juegos, porque con mamá se pone blandito y deja el juego… Efectivamente, empecé a oir desde mi cuarto su respiración; se estaba quedando dormido con los cuentos de mami. Así que me puse a llorar y gritar como una loca… El juego estaba ahora más emocionante que nunca. Oí como mami venía a mi cuarto a ponerme el chupe… Y claro, el bebé gigante se puso a llorar porque quería a mami solo para él. Mami me puso el chupe y se fue corriendo. Pero el chupe no era lo que yo quería. Yo quería o seguir jugando o comer. Lo habitual, vamos. Así que vi a mami que cruzaba por el pasillo llevando al bebé gigante a su cuarto. Y empezó a llorar. Y yo seguía llorando. Y Carmela durmiendo. Y mamá como loca (a veces pienso que no entiende el juego…).

Así que trajo al bebé gigante, me cogió a mí, y nos llevó a su cuarto. Nos reímos mogollón. En su cuarto nos tumbó acurrucados con ella a los dos, y nos empezó a canturrear y contar cosas súper somníferas. Me estaba empezando a dormir cuando me di cuenta de sus intenciones. Y volví a ponerme a llorar: las reglas son claras, mami, o jugar o comer. Mami me llegó con ella a la cocina, al bebé gigante lo daba ya por dormido. Me empezó a preparar un bibe. Y cuando lo tenía casi, y estábamos tan tranquilas, cuando ya había perdido la fe en mi hermano mayor, allí estaba el, asustando a mami entrando sigilosamente en la cocina con su bibe vacío en la mano. O jugar, o comer.

Los dos con nuestros bibes tan contentos, nos fuimos con mami a su cuarto. Yo caí enseguida y el bebé gigante también. Quieras que no, una segunda dosis de leche, fulmina a cualquiera. Note como mami me tumbaba en mi cuna y deduje que el bebé gigante ya estaba en su cama también. Se conoce que a los cinco minutos o así llegó papi.

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2 añitos

Hace dos findes no os podéis imaginar que fin de semana más ajetreado… Y todo porque fue mi cumple. Tengo ya dos años, esto no es ninguna tontería. Ya tengo adaptador para el wc, voy a veces fuera del sillín (o en mi moto tuneada) por la calle y como cosas de mayores. 

El viernes fue la fiesta de bienvenida al otoño y del cupcake (la magdalena de toda la vida) en la guarde. Nos vestimos todos de cocinero con delantal y gorro y estuvimos cocinando y adornando las magdalenas. Las mellis se lo pasaron pipa porque las sentaron con los mayores y ellas guarrearon más que nada, pobres, son muy peques.

 Luego por la tarde fuí con papá, mamá y las niñas a ver a los patos. Allí estaba la prima con los tios. Les dimos pan y mamá nos dió a nosotros galletas pero nos hacíamos el lío La prima y yo y nos comíamos el pan y les dábamos a los patos las galletas. Super divertido. Nos comimos las magdalenas y estaban riquísimas. Como echaremos de menos estas tardes en el parque cuando llegue el frío, eso dice mamá… Yo no sé por qué no podremos venir, si estamos abrigaditos digo yo que no pasa nada. 

Y el sábado fue mi gran día. Plan familiar, todo especial por mi cumple. Ayudé con las lavadoras que iba poniendo mamá: ella metía la ropa y cuando se giraba, yo la sacaba. Luego ella colocaba las cosas por la casa de una manera y yo las ponía por detrás a la mía. Y luego fuímos a ver a Jesús y a comer. La hamburguesería que han abierto al lado de casa está fenomenal, se llama Tates burguer. Como ya soy mayor, me pidieron un menú infantil… ¡Por primera vez en mi vida! Papá y mamá me cogieron fingers. Pero yo a ellos les cogía patatas (aunque yo tuviera, pero por igualar…). 

Por la tarde fue la fiesta… ¡Que sorpresa! Fuimos al parque de Soto y estaban algunos primos. Los mayores sacaron la merienda. ¡¡¡Y mamá nos repartió a algunos unos pomperos!!! Divertidísimo. Aunque la verdad es que lo íbamos tirando sin querer. De la emoción, claro. 

La tarta estaba riquísima, de galletas. Según mami, la de toda la vida. De la mía, seguro. Me gustaba tanto soplar la velita que la encendieron varias veces para que la soplara. ¡IUn finde inolvidable!

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Cambios, viajes espaciales y comienzo de curso

No os lo he contado antes porque no me da la vida. Entre unas cosas y otras se me acumulan las cosas por hacer y llego al final del día agotado. Papá y mamá nos han cambiado de guarde. Como lo oís. Yo me lo olía y como estaba de acuerdo pues no dije nada.Al volver de las vacaciones (ay, las vacaciones, ya os contaré, ya) ellos tenían que volver al sitio ese donde van toda la mañana a hacer cosas serias. Y nos dijeron a las mellis y a mí que nos iban a llevar a una guarde nueva en agosto porque la nuestra estaba cerrada ese mes. Verás tu… Una guarde nueva, pensé. A las mellis les da igual porque ellas se conforman con cualquier carantoña, pero a mí no se me conquista facilmente. Y si no me gusta algo lo voy a decir, pensaba.

Llegué el primer día y me abrió una mujer sonriente que tenía cara de jefa… Tendré cuidado con ella porque es maja pero no le puedo tomar el pelo. Luego ya vi a una chica más joven que es la que pasó conmigo todo el día, mi seño. Y el primer día me lo pasé tan tan bien que se me pasó el día volando. Estuvimos hablando de las plantas y de reciclar. Muy interesante todo pero no me enteré del todo de eso del ecologismo… Eso dice mamá cuando me como la tierra de las macetas, que no presté atención en la semana del ecologismo de la guarde nueva.

Y así llegó la segunda semana, que fué hawaiana, y la tercera: espacial. Me lo pasé bomba. Jugamos un montón y están todos locos que es lo que a mí me gusta. Según mi madre (que se las da de entendida la pobre) en esta guarde tienen mucha imaginación, son muy amables y cuidan mucho los detalles. El viernes fuimos a la luna con los cascos de astronautas que hicimos. ¡Las mellis eran las extraterrestres! Lo hicieron genial.


Total que a mitad de la semana espacial papá y mamá hablaron con nosotros de que si nos parecía bien que nos quedáramos en esa guarde nueva tan chula y no volver a la antigua. Muy majos pero no se para qué nos preguntan, las mellis no hablan y sonríen a todo y a mi no me entienden como hablo… Así que muy contentos dijeron “pues os quedáis en esta guarde”.

Y así es como hemos empezado el curso, en la guarde nueva. Ya os contaré qué tal va avanzando la cosa. Pinta que será un curso estupendo.

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Pulgarcito y las hadas mágicas

Parece que os voy a contar un cuento pero no. Es que es mami la que pone los títulos y está un poco moñas ultimamente.

Os debo un relato de mis vacaciones en Asturias y Cantabria. Un día de estos que me dé la vida ¿vale? Ahora os cuento otra cosa. Ahora estamos en casa con mami hasta que el jueves vuelva al currele. Y esta mañana después de recoger la casa y de desordenarla (mami recoge y yo desordeno), hemos ido a “dar un paseito”. Y se ve que mami por fin se ha dado cuenta de mi espíritu libre y aventurero porque no me ha bajado no el sillín, ni el patín, ni me ha sentado en el sitio de carmela para colgársela en el fular ni nada de eso: he ido suelto y feliz. Hemos estado en nuestro sector peatonal, y yo yendo de aquí para allá, buscando insectos en los arriates, cogiendo piedras, tocando los árboles, ladrando a los perros… De vez en cuando miraba a mamá para ver que no se alejara mucho. La pobre se preocupa cuando se queda sola con las mellis sin mí. 

Mami me indicaba que fuera con ella que teníamos que ir a la farmacia. De mala gana he dejado mi investigación y he dejado que me llevara en brazos porque si no no iba a ir… En la farmacia la dependienta no sabía que hacer para ganarme y se lo he puesto chungo. Le he sacado una piruleta y una careta de la abeja willy. Una vez hemos comprado lo que mami quería hemos ido al parque. Yo seguía a mi bola.

Y mami ha tenido la brillante idea de ir al chino y comprar GUSANITOOOOOOOOOOOOS. Me he puesto tan feliz que no cabía en mí de la emoción. Hemos ido a los columpios y mami me iba dando gusanitos. Cuando me ha bajado he ido tras ella todo el rato para que me diera más. Me los daba de dos en dos y no a puñados… No sé muy bien por qué. Solo sé que ya lo de investigar no me interesaba. Yo solo quería los gusanitos que me iba dando mami. Sin darme cuenta casi, ya estábamos subiendo a casa del paseo. Ha sido un planazo. 

  

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