El color de las cacas

Ya siento lo marrón del título. Pero los que os pensabais que la maternidad me iba a convertir en un ser más delicado o fino, os equivocabais. Estar pendiente de este niño como madre suya que soy no ha hecho más que acentuar esta característica.  Y sí, las cacas cambian de color, textura, olor y gramaje. Pero el post de hoy no va de eso. Solo quería empezar así.

Y es que busco trabajo de nuevo. Bueno, en realidad, nunca dejé de hacerlo, pero ahora estoy mucho más on fire que nunca. On fire es una expresión que tengo todo el día en la boca… mi traducción es “a saco”, “a tope” etc. Y es que los trabajos que no salen, las entrevistas, los mails o llamadas de rechazo… son como las cacas de mi niño, envueltitas en un pañal alegre, de muñecos y colorines,  pero al fin y al cabo, cacas. Cambian de color, textura, gramaje, pero igualmente apestan un poquitín… Estás tan tranquila en la calle, de cañas o viendo a alguien y de repente… te viene ese olorcillo/ sonido… Miras el mail/ pañal y allí está. Oh my Good,  a remangarse de nuevo.

Pero al fin y al cabo, son síntoma de salud… si hay mails de rechazo o trabajos que te enteras caen en manos de yogurines machos, es porque hay algo de actividad… quien sabe, igual la próxima caca le toca al otro y yo salgo victoriosa.

Mientras tanto, a seguir a este lado del pañal. Os dejo con una imagen actual de la situación; el pequeño hobbit ha decidido ayudarme con este post.

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