¿Están tus padres?

Cuando todavía estaba en trauma porque me encontré la primera cana en mi cabellera al viento, ocurrió. Ayer, mientras cocinaba como si no hubiera mañana a eso de las ocho de la tarde, sonó el timbre. Era un muchacho (más joven que yo, seguro, pondría el dedo meñique en el fuego por ello), comercial de una empresa de gas. Lo primero que me dijo nada más abrir la puerta fue eso: “¿Están tus padres?“. A una carcajada mía, siguió otra, y mi marido se asomó también, muerto de la risa. El muchacho me sonrió sonrojado y me pidió perdón como diez veces. Yo le dije que no había nada que perdonar, que todo lo contrario. Vamos hombre, me subes la autoestima así gratuitamente, y encima pides perdón…

Y es que sí amigos, ser madre es maravilloso, cansado y todo lo que tu quieras, pero supone algo inexorablemente… Pasas a ser otra generación. Da igual que sigas con converse y tejanos, da igual que lleves camiseta y sudadera, da igual todo eso, eres madre. Tienes que ser responsable, llevar bolso grande, sacar aires, cantar canciones (prometo post sobre estar todo el día cantando), elegir la ropa a otro (también de esto escribiré)  y mil cosas más, pero vamos, esas son las más gordas.

Así que de todo ello se extrae que sigo en las nubes porque ayer me preguntaran por mis padres sobre algo tan maternal como pagar la factura del gas.

cocinera

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