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El artista de la familia

Mamá está bricomaníaca total. Ha pintado una estantería super chula para mi habitación de mil colores y ahora está con estantes para la habitación de las nenas.


Y yo creo que no debo ser menos y tengo que ir empezando en esto del artisteo. Así que en un descuido de mami cogí una de las brochas con las que estaba haciendo la mezcla del rosa, la del rojo, y la confisqué. Al principio me pinté las manos, el brazo y una zapatilla. Pero enseguida atisbé una tabla que tenía papá preparada para serrar y hacer un tren de madera o no se qué. Pero como la compró hace tiempo y no le ha dado uso, pues también me la agencié. Y a pintar que me puse, dando grandes brochazos como vi que hacía mami, que seguía muy concentrada.


De repente, como siempre que me quedo callado y/ o silencioso y quietecito, mami se giró a buscarme. Y me vió. Y vió mi hazaña, mi obra de arte. Todavía está boquiabierta, maravillada, impactada y encantada, babeando, vamos. Después del primer impacto ya empezó a ver los efectos colaterales a mi obra de arte y limpió las zonas que no pertenecían a la obra de arte pero también se habían visto envueltas en mi torrente artístico: suelo, máquina de coser, ropa.

Y ahí me vi, en body frente a mi primera obra de arte espontanea. Como vi que a mami le molaba mi rollo, le pedí con mi grito habitual de pedir cosas y agitando la brocha que me la fuera rellenando, porque la pintura se me gastaba. Hasta que se me acabó la inspiración y volví a mis cosas, la estantería estaba muy ordenada, el suelo muy vacío y tenía que llenarlo de juguetes y cosas.